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En estas líneas trataremos de hacer una prospectiva de los posibles escenarios a los que nos enfrentaremos los formoseños, tanto en el plano nacional como en el internacional, de acuerdo a cómo resultaren las elecciones presidenciales del 11 de agosto y 27 de octubre próximos. Para ello tomaremos como elemento central, pivotante del análisis, al proyecto político que hemos abrazado los formoseños en estos últimos 25 años. Nos referimos específicamente al Modelo Formoseño para el Proyecto Provincial.

Y lo tomamos, porque consideramos que una vez ratificada su continuidad por una abrumadora mayoría (que superó el 70% de los sufragios el último 16 de junio), éste se potenciará en los años venideros y dará nuevas muestras de transformación de la realidad provincial si en las elecciones presidenciales se impone un Gobierno Federal que lo respalde; o si deberá enfrentar situaciones extremadamente adversas, en caso de que el actual gobierno de ocupación del capital financiero internacional consiga hacerse de los resortes clave del Estado Nacional.

Y veremos cómo a partir del resultado electoral, la Argentina se posicionaría como un pueblo que defiende el trabajo, la producción nacional y el mercado interno, y por ende, las posibilidades de realización de sus habitantes; o bien, como un ejemplo más de retroceso de las condiciones sociales injustas que vuelven a observarse en el tablero mundial, donde la reprimarización de su economía continuará profundizando su actual rol: una Argentina que es mera proveedora internacional de materias primas, en la que su mercado de bienes y servicios seguiría viéndose inundado de productos extranjeros y, por lo tanto, priorizando la mano de obra y el trabajo extranjero, especialmente aquellos provenientes de los que comúnmente conocemos como primer mundo.

Veámoslo entonces:

La primer hipótesis del resultado de las elecciones, es que resultase triunfante la Alianza “Juntos por el Cambio” y que cuatro años más de políticas oligárquicas podrían ser angustiantes para la vida provincial y nacional. El constante proceso de híper-endeudamiento externo, el brutal deterioro de la capacidad adquisitiva de los ingresos populares y el asfixiante panorama para las empresas argentinas (al margen de su tamaño) como consecuencia de la dolarización de los alimentos y de la energía, la sistemática destrucción de los puestos de trabajo (especialmente en el sector privado), han provocado severas consecuencias para con nuestra población. Índices de pobreza (35%) y desempleo (10,1%) que no se veían desde el año 2001, indefectiblemente se verán reflejados sobre el desarrollo nutricional, físico, intelectual y espiritual de gran parte de los argentinos.

En este crudo escenario Formosa no estará exenta, porque si la Nación no se realiza, las Provincias no se realizan. El proyecto político provincial no encontraría el líquido vital suficiente, léase fondos como la Copartipación Federal por debajo del proceso inflacionario (ni imaginar Aportes del Tesoro Nacional) para amortiguar las consecuencias sociales de lo que a todas luces se prevé con un nuevo gobierno de Macri.

En línea con esta primer hipótesis y con el foco puesto en la inserción internacional de la Argentina, un nuevo mandato de Macri resultaría catastrófico no sólo para nuestra Patria sino que modificaría de raíz la estructura social de América Latina, ya que una confluencia de gobiernos contrarios a los intereses regionales como los que presenciamos con el presidente Jair Bolsonaro en Brasil, Sebastián Piñera en Chile, Martín Vizcarra en el Perú, Lenín Moreno en Ecuador e Iván Duque en Colombia, definirían el rumbo de Sudamérica hacia puertos donde primarían el saqueo de nuestros recursos naturales y el sometimiento de nuestras economías mediante el ariete de la deuda.

En tanto que en materia comercial, la colonización de nuestros mercados como plataformas comerciales de productos extranjeros (que hoy buscan desesperadamente dónde vender, luego de la ascendente guerra comercial entre China y los EE.UU.) encontraría terreno fértil. Un claro ejemplo de esto es el apresuramiento que han tomado tanto Macri como Bolsonaro, para anclar a la política exterior de los países miembros del Mercosur a un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea. Desfavorable para nuestros intereses por donde se lo analice, más cuando las principales economías del mundo tienden a cerrar sus mercados (el Brexit, los aranceles de Trump, Salvini en Italia, etc.) promoviendo el proteccionismo como política exterior.

En tal situación, el alineamiento de las políticas regionales en torno a las reformas laborales y previsionales se enfrentarían a débiles resistencias y la realidad del mercado del trabajo podría acelerar los deterioros con la excusa de ser “competitivos”. Se profundizaría aquello que el Papa Francisco denuncia con claridad meridiana: “los trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores”.

La Argentina y los países de la región seguirían siendo como elementos de presión de los EE.UU. frente a China, fundamentalmente por el importante rol de abastecedora de proteínas vegetales que Sudamérica asume frente al gigante asiático. El collar colonial se completaría con la total sumisión de nuestros Estados a los mercados financieros globales y a los fondos especulativos, tenedores de bonos de deuda soberana, respaldados por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OCDE.

La segunda hipótesis, relacionada al triunfo del “Frente de Todos” y de la fórmula Fernández-Fernández, promete escenarios más amigables para reconstruir lo dinamitado en estos últimos tres años y medio: un reposicionamiento de la Argentina en el tablero mundial (dejando el rol de elemento de presión para pasar a discutir cuestiones que atañen a la soberanía de los pueblos), la recomposición del aparato productivo y del trabajo argentino, y un Gobierno Federal que respalde las aspiraciones del Modelo Formoseño.

Algunas de las eventuales decisiones que el Frente de Todos tendría que tomar, como por ejemplo, priorizar el interés argentino por encima de las deudas contraídas con los fondos especulativos del capital internacional, esto es, la renegociación de los plazos relativos a los intereses de deuda soberana y un mecanismo que revierta la descontrolada fuga de capitales, la desdolarización de las tarifas de energía y del precio de los alimentos, la apertura de paritarias que garanticen que los ingresos populares estén por encima de los índices de inflación, el particular fomento de las economías regionales del NEA y NOA y la vuelta de la apuesta a la ciencia y técnica nacional, son medidas que pondrían la orientación del esfuerzo argentino hacia la satisfacción de los intereses nacionales y, consecuentemente, potenciarían al proyecto político provincial.

En el plano internacional, una victoria del Frente de Todos equilibraría la balanza de poder en la región, añadiéndole peso al eje de gobiernos de tinte popular como los de Evo Morales en Bolivia, López Obrador en México y el proceso bolivariano en Venezuela. La solidez que alcance esta articulación permitirá y obligará a Brasil a re discutir internamente su posicionamiento regional, ya que al integrar el bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), sus socios, especialmente Rusia y China, jugarán su partida frente al hoy cómodo manejo de Trump en la región. También obligaría a Brasil a cesar en sus intentos de abrir procesos de apertura irrestricta de importaciones, a través de los Acuerdos de Libre Comercio con los EE.UU. y la Unión Europea, tal como ha venido siendo su conducta de un tiempo a esta parte. Y en materia de política exterior, encontraría interlocutores de alcance global en Francisco, Putin y Xi-Jinping.

Ahora, lo sustantivo para los formoseños recala en la posibilidad de avanzar hacia una Segunda Reparación Histórica que, a partir de obras fundamentales como el Acueducto, el Gasoducto, la interconexión vial, energética, comunicacional y porqué no férrea, promueva un proceso de desarrollo armónico y despliegue todo el potencial de nuestro aparato productivo provincial. Nuestra provincia se encuentra en inmejorables condiciones para hacerlo.

La alianza estratégica entre Educación, Producción y Trabajo, tiene por ejemplo en el sector primario al Instituto Universitario Formoseño y a las Escuelas Agrotécnicas como instituciones que forman profesionales con conocimiento útil para la resolución de los desafíos locales que les plantean los productores formoseños; tiene a los Centros de Validación de Tecnologías Agropecuarias (CEDEVA) al organismo capaz de desarrollar información y tecnología aplicada para fortalecer la adaptación e incrementar el rendimiento de los cultivos y producciones formoseñas; y tiene al Instituto PAIPPA como herramienta para acompañar todo aspecto de vida (vivienda, educación, salud y producción) relacionado a nuestros pequeños productores.

No solo en la chacra los formoseños avizoramos un futuro próspero de realización. El Polo Científico y Tecnológico (PCyT) es otra de las herramientas con las que contamos para generar trabajo asociado al desarrollo provincial. El horizonte de realizaciones es enorme. Tan solo nombraremos algunos ejemplos del vínculo que puede establecer el PCyT, es decir, el sector de la economía relacionada a los servicios con el sector primario: sistemas de control de temperatura, humedad y riego automatizado para invernaderos; sistemas de evaluación de cultivos y de suelos mediante georeferenciación, drones en ganadería para medir en forma rápida y sistemática la cantidad y variación espacial del pasto disponible, etc., son algunos de los posibles desarrollos que conjuguen ciencia, tecnología y producción.

Así presentadas, las elecciones venideras se constituyen como bisagra para el destino de la Nación y de Formosa. El resultado determinará un país que apuesta a sus propias fuerzas y que brega por desarrollarse en el conjunto de las naciones; o uno en que las fuerzas de la disociación harán todo lo posible por sembrar el mayor caos posible. Y determinará, finalmente, si los formoseños continuamos en la prosecución de un destino de grandeza.