Criollos y aborígenes juarenses opinan coincidentes en que deben “vivir en paz”

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También cuestionan que “aparecen ciertos dirigentes políticos interfiriendo tratando de incitar más enfrentamientos

Referentes sociales, caciques y pastores, aborígenes y los criollos que habitan Ingeniero Juárez, coinciden que “debemos trabajar juntos para vivir en paz, dejar atrás intereses personales y sectoriales para que la armonía retorne a la comunidad”.

Como dato revelador advirtieron que “los jóvenes, antes aislados y lejos de todo, hoy integrados definitivamente territorial y socialmente, no estaban preparados ante una modernidad que también trajo cosas malas”.

Incluso señalan el malestar que genera ver a dirigentes políticos de la oposición con posturas que Nada contribuyen a la pacificación, por el contrario parecieran buscar más enfrentamientos para así culpar al gobierno provincial”.

Juan Segundo, referente indígena del barrio Toba, situado en el extremo norte de la localidad expuso que “esto del alcohol y las drogas ataca a todos en el mundo, y en nuestro pueblo se hace mucho más visible porque siempre fuimos una zona alejada de todo, aislados prácticamente. Pero en los últimos años así como llegaron las obras y dejamos ese aislamiento, nos integramos a la provincia y al país, también vino lo negativo de la modernidad a través de internet y los celulares”.

Expuso que “mejoramos la manera de vivir en mucho sentido, pero también aparecieron cosas malas que trae la modernidad y para lo cual nuestros jóvenes no estaban preparados. Por eso la familia debe ser más responsable, cada padre debe entender que este es un proceso diferente y trae convulsiones, hay que ser más estrictos en la educación a los hijos”.

Incluso expuso que “los líderes y pastores de la comunidad también transitamos por problemas internos, por eso debemos superar nuestras propias diferencias para que así nuestros hijos tengan mejores testimonios de vida”.

Planteo asimismo “saber distinguir las cosas, porque en medio de estos problemas aparecen los que aprovechan políticamente y tratan de culpar a nuestro gobierno provincial, cuando acá sabemos que ha sido el doctor Insfran quien más hizo por los pueblos aborígenes en toda la historia de la provincia”.

En tanto que Nicasio Mariño, dirigente indigena del barrio Obrero, expuso que en ese sector habitan poco más de tres mil personas, unos setecientos jóvenes, de los cuales una veintena son los conflictivos. Y con gran lucidez reprochó que “por este grupo reducido aparecemos como los malos siempre en todos los medios, y nadie dice nada de los otros 680 que estudian, incluso en la universidad, también los que trabajan y son ejemplo de una comunidad que quiere crecer en paz, nadie habla algo de eso”.

“Molesta que solo se vea lo negativo, nadie niega que existan problemas, pero la gran mayoría de nuestros jóvenes buscan un futuro mejor”, subrayo.

Exhorto a los padres a “ser más responsables, porque este tiempo trae situaciones muy difíciles que perjudican a nuestros jóvenes, a quienes si no se contiene terminan provocando estas cosas como las que estamos viviendo”.

Para Mariño, “esto es parte de toda la sociedad mundial y no solo de los aborígenes, un problema que primero afecta a la familia y después a la comunidad”, dijo que hablo con los jóvenes para que “depongan esta actitud y podamos pacificar al pueblo, llegamos a un acuerdo y confío en que la paz social sea continua, y para eso se debe seguir trabajando entre todos”.

En la ruta

En el corte de la ruta 81, criollos que plantean la pacificación definitiva, como Ricardo Luna, hijo de Florinda una mujer cuya casa fue atacada por muna pandilla de jóvenes aborígenes del barrio Obrero, expone su punto de vista.

“Se trata de un grupito de chicos indígenas afectados por las adicciones, tienen a su líder que los manda a robar y hacer muchos abusos. Acá nadie está contra el gobierno, yo confío mucho en lo que se hace, lo que queremos es la paz, y para lograr eso hay que ser más firmes en la seguridad y en una municipalidad que por ejemplo se encargue de eliminar baldíos transformados en monte donde se esconden estos vándalos”, relato.

Eduardo Ramoa, panadero juarense, se mostro muy contrariado por haber sido objeto de robos y daños por parte de grupos de indígenas. “No entendemos esta actitud violenta, algunos ni saben lo que reclaman o cual es el motivo de su alteración, veo entre estos a changos que son de otro lado y generan tanta inseguridad”, afirmo.

“Salimos a la ruta a levantar nuestra voz de reclamo y  para que todo la ley sea por igual, ya que para los aborígenes siempre hay preferencia”, planteo.

“Antes jugábamos a la pelota juntos, estudiábamos en la escuela, compartíamos muchas cosas, porque no volver a eso, creo que es posible porque hablamos ahora con los originarios y quieren lo mismo, la paz”, concluyo optimista.