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La ingeniera forestal y profesora, Natalia Lupia, explicó que la harina de algarroba es libre de gluten, apta para celíacos, con un alto valor nutritivo y versátil para una variedad de productos alimenticios.

La profesional celebró que los bolsones del Plan Provincial Alimentario Nutrir incluya entre sus productos a la harina de algarroba, que es producida por comunidades aborígenes de la localidad de El Quebracho. Los módulos alimenticios benefician, gradualmente, a más de 17 mil familias formoseñas que se encuentran en estado de vulnerabilidad.

Cabe señalar que la ingeniera Lupia tiene vasta experiencia en la temática, fue quien coordinó a los estudiantes de la Escuela Agrotécnica Provincial Nº 10 en su proyecto de ciencias sobre el proceso de industrialización para obtener la harina, determinar la producción de frutos del algarrobo y cuantificar su rendimiento, en ese momento el grupo recibió la más importante distinción que otorga la OEA en la Feria Internacional de Ciencias Intel –Isef, que reconoce a los alumnos y a los maestros de las Américas por su contribución al desarrollo integral de la región.

La profesora recalcó que la producción de algarroba “es un alimento básico para los miembros de la comunidad de El Quebracho y aporta altos nutrientes” y se mostró satisfecha porque la experiencia se replique, en este caso, con la asistencia técnica de los y las estudiantes del Instituto Universitario de Formosa a los productores de la Asociación El Quebracho, que a su vez trabajan con técnicos del Ministerio de la Producción y Ambiente.

“Es la función de las escuelas agrotécnicas, revalorizar las costumbres de la gente e introducir un poco de conocimiento, técnica y equipamiento, rescatar el saber popular e introducirlo en el cuidado del medio ambiente”, destacó.

Sobre su experiencia en la feria de ciencias, recordó que en el año 2012 comenzaron con preguntas a la comunidad sobre el procesamiento de la fruta del algarrobo. “Queríamos saber cómo lo hacía la gente, visitamos la comunidad, realizamos análisis, vimos los puntos que deberíamos mejorar para que la harina sea apta para el consumo humano, propusimos mejorar la cosecha, porque generalmente se tomaba la fruta del suelo. Entonces, propusimos poner una malla a determinada altura y medimos la cantidad de frutas por árbol, analizamos si el tamaño del árbol influía o no en la producción, etcétera. Tenemos registro de eso a lo largo de cinco años”.  

Puso en relieve la implementación de maquinaria y explicó que “para el proceso de lavado y secado de la fruta construimos un secadero que fue mejorado con el paso del tiempo, con un diseño realizado con el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial); y la molienda que se hacía de forma tradicional fue reemplazada por un molino a martillo que facilitaba obtener una harina de mejor calidad”.

En la composición de la harina de algarroba se destaca la presencia de entre 40 % y 50 % de azúcares naturales (fructuosa, glucosa y sacarosa). Contiene, además, un 8 % de proteínas, un muy bajo contenido de grasas y muchos minerales: hierro, calcio, magnesio, zinc, silicio, fósforo y fundamentalmente potasio. Y vitaminas A, B1, B2 y D.