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*Por Rodolfo Roquel

En su reciente alocución ante la OIT el Sumo Pontífice ha reiterado que el derecho de propiedad privada es un derecho secundario, porque sobre ella está el principio de destinación común de los bienes.

Algunos liberales se han escandalizado y han considerado a esa afirmación como marxista como si fuera, una novedosa y peligrosa teoría surgida de la teología populista del Papa argentino y lo han acusado de ignorar el mandato evangélico de dar al César lo que es del César, mandato se refiere a la obediencia a las leyes y al pago de los impuestos, obligaciones limitadas por el deber de dar a Dios lo que es de Dios, y nada dice sobre el fundamento del derecho de propiedad.

Pero lo recordado por el Papa lejos de ser novedoso es la doctrina constante de la lglesia como resulta de las citas de los Padres y teólogos inserta en el apartado 69 de la Constitución Pastoral de la lglesia en el Mundo Actual, sancionada por el Concilio Vaticano l, donde se recuerda como antiguo el principio que reza: «En la necesidad extrema todas las cosas son comunes, es decir sujetas a comunicación» con la explicación concorde de Santo Tomás de Aquino.

De ahí que la Constitución de 1949 se refería explícitamente a la función social de la propiedad. Nada nuevo ha dicho el Pontífice, sino que ha cumplido con el mandato de predicar la verdad del Evangelio y confirmar en la fe. Ante las reacciones egoístas e individualistas de los neoliberales convendría recordarles que ya bastante daños han hecho en la economía y, en consecuencia, que dejen en paz a la teología.