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La historia previa a la fundación de Formosa

La historia de Formosa plantea verdaderas sorpresas y una de ellas tiene que ver con la fundación de la Misión del Santo Rosario y San Carlos del Timbó, una de las reducciones mediante las cuales los jesuitas trataron de prolongar hacia el norte del litoral chaqueño su labor misional iniciada en la jurisdicción de Santa Fe en la primera mitad del siglo XVIII con la novedad que el asentamiento se registra en las proximidades de la laguna Herradura, en el actual territorio provincial.

Esa referencia la hizo oportunamente el ministro Jorge Oscar Ibáñez, en un mensaje pronunciado con motivo de la Fiesta de la Corvina de Río y había llamado la atención porque no había mucha data sobre la presencia de religiosos de esa congregación católica y mucho menos que estaban dedicados a orientar a los indios abipones en la cultura del trabajo de la tierra, destacándose los réditos alcanzados en el cultivo de tabaco.

Esta información fue aportada por el ingeniero Mario César Urbieta, docente de la Universidad Nacional de Formosa, en su afán de interesar a las nuevas generaciones de estudiantes de Historia a investigar e indagar sobre este tema vinculado con los orígenes de estos territorios.

El protagonista de esta historia fue   Martín Dobrishoffer, un misionero austríaco de la iglesia católica que se unió a la Compañía de Jesús en 1736 y en 1749 fue enviado al Paraguay, en donde trabajó por dieciocho años junto a los guaraníes.

 En 1763, después de prestar servicios en otros destinos de la organización jesuítica, fue encargado de fundar una nueva reducción entre los abipones, la cuarta, sobre el río Paraguay en lo que es hoy Herradura, Formosa.

El relato de Dobrishoffer , al que se pudo acceder luego de las traducciones y publicaciones de la Universidad  Nacional del Nordeste, indica que las  autoridades de la Gobernación del Paraguay habían iniciado una guerra contra las aborígenes del Chaco, obligando  a los abipones , por ejemplo, a pedir la paz  y el envío de misioneros para fundar una reducción.

Elección del sitio

Esos originarios se encargaron de elegir el sitio en el que aspiraban instalarse, tratándose del paraje conocido con el nombre de El Timbó  situado a casi 10 leguas al norte del Bermejo, a una legua y media del río Paraguay y junto a la laguna llamada «La Herradura» donde se ubica en la actualidad la localidad de Herradura, polo turístico formoseño.

Cuentan que el gobernador español del Paraguay, José Martínez Fontes, se comprometió a establecer la reducción en 1763 para lo cual  convocó a los vecinos de Asunción a Cabildo Abierto y los comprometió a contribuir con ganado vacuno, caballos, ovejas, yerba, herramientas y otros elementos para la nueva Reducción.

Asimismo,  solicitó al Provincial de la Compañía de Jesús, padre Contucci, el envío de misioneros , una solicitud que tuvo respuesta afirmativa aunque  condicionada a que la manutención de los reducidos debía correr por cuenta de las autoridades civil; a que  los aborígenes debían quedar bajo protección real a que  no debían sujetarlos al trabajo en las encomiendas ni a la mita y su adopción del catolicismo debía ser libre.

Martínez Fontes aceptó estas condiciones (agosto de 1763) y de inmediato ordenó al capitán Fulgencio Yegros a trasladarse al sitio elegido con un grupo de soldados para edificar las primeras viviendas de la reducción a la que se le  impuso  el nombre de Misión del Santo Rosario y San Carlos  para expresar su devoción a la virgen y, al mismo tiempo, ganarse los favores del rey Carlos III.

Tras ello se produjo la  llegada a Asunción del padre Martín Dobrizhoffer, elegido por el Provincial para dirigir la nueva reducción por su vasta experiencia misional y por sus conocimientos de la lengua y costumbres de los abipones.

Comandada por Fulgencio Yegros, la expedición fundadora desembarcó en la costa del río Paraguay el 24 de noviembre de 1763, cerca del sitio elegido para el nuevo poblado y la  integraban el gobernador Martínez Fontes; el padre Dobrizhoffer; el prefecto Nardi y 400 soldados,  todos  ellos distribuidos en tres embarcaciones.

Al comprobar la precariedad de las construcciones, el Gobernador ordenó levantar una nueva edificación que tampoco resultó adecuada para el fin propuesto. Luego reunió a los caciques abipones y, de común acuerdo, designó Corregidor con bastón al cacique Guachichi, a Francisco Xavier como Maestre de Campo y a Machafrio como Alcalde de Campo, encargado de cuidar el ganado. Hecho esto regresó con toda su comitiva a Asunción, previa celebración de una misa el día de Navidad.

Dobrizhoffer quedó solo al frente de la misión luego de la partida del Gobernador, pues el misionero designado para acompañarlo, padre Juan Díaz, no llegó a hacerse cargo por razones de salud. El misionero debió esforzarse por convencer a los aborígenes para que se acerquen a la reducción, lo que éstos hicieron sólo cuando comprobaron la partida de los paraguayos. San Carlos carecía de los elementos más indispensables para la vida humana; el ganado que proveía la estancia era escaso y las alimañas, la viruela y otras enfermedades hacían estragos entre los indios. El misionero debió reclamar insistentemente a las autoridades paraguayas, la provisión de elementos indispensables, pero sus pedidos tuvieron escaso o ningún eco. 

Recién en 1764 un piquete de soldados vino a levantar un real y la ranchería para los aborígenes.

Asedio de las tribus

Otra amenaza que debió soportar la reducción fue el continuo asedio de las tribus tobas y mocovíes del interior del Chaco, quienes llegaron a penetrar en el poblado y solamente la serenidad y presencia de ánimo de Dobrizhoffer evitó que lo asesinaran y arrasaran la reducción.

También el cacique Ychoalay de San Jerónimo, organizó una invasión contra San Carlos, pues responsabilizó a los indios de esta reducción del robo de caballos que les pertenecían.

No obstante, estos continuos sobresaltos, el misionero enseñó a los abipones a cultivar la tierra y logró algunos resultados promisorios, especialmente en el cultivo del tabaco, aunque la mala calidad de las herramientas que le habían remitido y la escasez de semillas le impidió mayores progresos en este sentido.

Fin de la misión

La historia revela que fueron tantas las penurias y padecimientos que debió soportar este  misionero de los abipones, que no tardó en pedir su reemplazo y su traslado a las misiones guaraníes a fin de restablecer su quebrantada salud.

 El padre Provincial agradeció a Dobrizhoffer por los enormes sacrificios realizados y por su obra entre los abipones. Los padres José Brigniel y Gerónimo Rejón, que lo reemplazaron, lograron algunos progresos, pese a que la ayuda prometida por el Cabildo de Asunción nunca se concretó. En septiembre de 1766 el padre Rejón informó que los indios se hallaban sujetos, asistían a la doctrina, acudían a las iglesias y entregaban a sus hijos para su enseñanza v bautismo.

Las tareas de labranza también continuaban progresando y en 1767 la población ascendía a 350 almas, según el padre José Jolis.

Lo cierto es que la expulsión de la Compañía de Jesús puso punto final a esta labor evangelizadora.

Retirados los jesuitas, fue designado el padre Lorenzo de la Torre para continuar con el trabajo misional, con la ayuda de un destacamento de soldados, pero la mayoría de los indígenas huyó de la reducción y cometió algunas tropelías en una estancia vecina.

En 1768 el padre de la Torre se retiró a Asunción y los pocos abipones que quedaban fueron trasladados a la margen opuesta del Río Paraguay.