La pandemia, una concepción general y holística: El caso formoseño

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Pandemia. Su solo nombre evoca imágenes terribles instaladas en el imaginario colectivo. Sus reiteradas apariciones a lo largo de la historia mundial sembraron de miedo y horror los corazones de las personas.

Es un término derivado del griego antiguo que se traduce como “de todo el pueblo”, haciendo referencia a que es una característica que asume una enfermedad para llegar a contagiar o propagarse por todo el pueblo o en cuyo caso a todo el mundo.

Las enfermedades han existido desde el momento mismo de la creación, sus orígenes se han perdido en las páginas de las historia dejando a su paso una estela de devastación, confusión y muerte. Algunos de los momentos más importantes de la historia mundial estuvieron signados por algún tipo de enfermedad que arrasaba sin discriminación alguna a la población del momento.

Según se tiene constancia, las primeras grandes pandemias se produjeron en un principio en la Antigua Grecia en el siglo V a.C. cuando las principales polis griegas vivían su mejor momento conocido como el “siglo de oro”.

A pesar de hallarse a la vanguardia filosófica, democrática y científica, sus conocimientos no fueron suficientes y su marco de acción demostró que no estaban a la altura de las circunstancias, lo cual se vio reflejado en las decenas de miles de muertos por la primera pandemia de la humanidad.

Quizás la más recordada de las pandemias de la historia, la que más suscita la imaginación de médicos, historiadores, arqueólogos o personas comunes es la temible “Peste Negra”.

Iniciada en los estados italianos hacia el año 1348, se sospecha que la enfermedad llegó desde Oriente, traída por los comerciantes florentinos y venecianos que se aventuraban a esas lejanas tierras.

Una vez en el Continente europeo, la plaga se propagó a un ritmo aceleradísimo como pocas veces se ha visto, y terminaría por matar a más veinte millones de europeos en seis años, una cuarta parte de la población total y hasta la mitad en las zonas urbanas más afectadas.

Pero la globalización de las enfermedades se dio a partir del siglo XV, cuando los países más dinámicos de Europa (España y Portugal) se lanzaron al descubrimiento de nuevas tierras y con ello contactaron con poblaciones hasta entonces separadas geográficamente. En este intercambio cultural se produjo además el contacto con agentes patógenos que los unos y los otros desconocían, y el impacto vital no se hizo esperar, dejando como consecuencias miles de muertos.

Las múltiples epidemias que se produjeron a causa de la propagación de los exploradores europeos hacia las poblaciones del resto del mundo, fueron principalmente causadas por los virus de la Viruela y el Sarampión y son consideradas eventualidades locales de extraordinaria virulencia.

Sin embargo, en lo que respecta a los estándares médicos modernos la que mayor daño causó hasta la fecha fue la denominada “Gripe Española” de 1918.

Esta pandemia del siglo XX tendría, a poco tiempo de su aparició, una propagación mundial y sus efectos serían terribles. De alguna manera esta peste contó con un apoyo que pocos se percataron, ya que su aparición coincide con el final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), años en los que los grandes ganadores e incluso los perdedores volvían a sus hogares para sanar las heridas dejadas por la más cruel guerra moderna vista hasta entonces.

Sin saberlo, volvían a casa portando un virus mortal, para el que no existía cura, ni tratamiento. El conocimiento sobre su comportamiento y contención sanitaria era relativamente escaso, hecho que no es de extrañar si se analiza por un instante la realidad social, económica y política mundial en los últimos días de 1918 y los primeros meses de 1919.

Era un mundo agotado por los horrores de la guerra, y los países –incluso los vencedores- estaban de rodillas. No se imaginaron que lo peor aún no había tocado a su puerta.

La Gripe Española fue una pandemia causada por un brote del virus de la gripe tipo A, del subtipo H1N1, que a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos con buena salud, y también animales.

Fue sin lugar a dudas una de las enfermedades más devastadoras que el hombre ha tenido que padecer, y el horror que generó se vio sustentado en que en solo un año acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

Pero ese fue solo el comienzo, ya que cuando su propagación se detuvo y los casos bajaron, el mundo ya no era el mismo: más de 50 millones de personas pasarían a formar parte de las siniestras cifras que dejaría la enfermedad, que en la actualidad los historiadores usarían para dar un marco referencial a sus postulados, donde más de 50 millones de personas que por desconocimiento o descuido serían silenciados, tapados eternamente por las arenas del tiempo que lentamente fue borrando del imaginario colectivo sus nombres, reduciendo sus vidas, emociones y sentimientos a un mero suspiro.

Argentina

En lo que respecta a la Argentina, también en el territorio se vivieron episodios muy serios y complejos a raíz del brote de algunas epidemias e incluso pandemias principalmente desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX inclusive, pasando por la fiebre amarilla que estalló en Buenos Aires en enero de 1871, la gripe española de 1918, la epidemia de poliomielitis de 1956.

La ciudad de Formosa tampoco estuve exenta de sobrellevar las epidemias, es más, desde su instalación fue castigada por una epidemia de paludismo.

En el año 1881, la población de la Villa Formosa fue azotada por un rebrote de paludismo e incluso de viruela, debido a las precarias condiciones de vida y la gran insalubridad que existían en ese entonces.

En 1880 llegaría la hora de que el cólera impactara en la población, ya que las características antes mencionadas de la Villa hicieron eso posible.

A su vez, en los años 1918-1919, las infecciones virales se propagaron entre los pobladores: era la Gripe Española, enfermedad que azotó al entonces Territorio de Formosa por dos frentes, Paraguay y Salta.

Este dato es vital para comprender cuáles son los canales más factibles por donde pueden llegar las epidemias al territorio.

COVID-19

En la actualidad, como es bien sabido, se transita una nueva enfermedad, el COVID-19, que a poco de aparecer a fines del 2019 en una ciudad de China adquirió la categoría de pandemia.

Ello se debió a que la misma globalización, el dinámico mercado de productos y el enorme caudal de personas que se desplaza por el mundo se encargaron de llevar el virus del Coronavirus a cada rincón del mundo.

Sin embargo, y a pesar de tener que lidiar con el virus original SARS-CoV-2 y sus variantes, el mundo se halla más dispuesto a defenderse o adoptar las medidas correspondientes.

Desde el momento en que sonaron las alarmas por esta nueva enfermedad tanto el Gobierno Nacional como el provincial tomaron cartas en el asunto, poniendo énfasis y prioridad en salvaguardar la integridad y la vida de las personas.

Bajo este imperativo concepto, a principios del 2020 la Argentina inició uno de los programas más ambiciosos de toda su histórica institucional, consistía en rearmar su sistema de salud tan duramente perjudicado en los años en que el neoliberalismo macrista gobernó el país.

Además de poner en condiciones hospitales y clínicas, se abrieron y equiparon otras tantas infraestructuras sanitarias en todo el país, además de invertirse grandes sumas de dinero en la compra de materiales, puestos al servicio del personal de salud, iniciándose asimismo diversas campañas de concientización social para dar a conocer al pueblo sobre la nueva realidad que nos tocaría atravesar.

Acciones

En el marco de la realidad formoseña, las medidas adoptadas por el primer mandatario provincial el Dr. Gildo Insfran y su equipo de gabinete fue la que preparar lo mejor posible el sistema de salud.

Cabe aclarar que dicha tarea se venía dando desde varios años antes, utilizando fondos propios de la provincia para el sostén de las instituciones sanitarias públicas que integran un complejo entramado de redes que conjugan Áreas Programáticas y Distritos Sanitarios, que dan respuesta a las necesidades del ciudadano, se encuentre donde se encuentre.

De esta manera, las acciones del Gobierno provincial estuvieron siempre orientadas a fortalecer las políticas sociales desde una perspectiva dinámica, integrada e integral, para que a ningún ciudadano se le niegue su derecho elemental de ser atendido o de recibir atención médica de calidad.  

Asimismo, con el fin de asegurar una transición ordenada, se buscaba además atenuar el impacto que la nueva enfermedad pudiera causar, teniendo como objetivo cuidar la vida de cada uno de los habitantes de Formosa. Es por ello que desde el inicio de la cuarentena, a principios del 2020 Formosa, se mantuvo al filo de los contagios durante meses sin registrar casos.

La lógica que guió este modelo fueron los programas y las acciones que se dirigen a la prevención, la preservación y la conservación de la salud de la población, buscando resguardar la salud y dar tiempo a que se llegase a una solución objetiva a nivel mundial sobre cómo superar la enfermedad.

Los meses pasaron y con la ansiada noticia de que Rusia se convirtió en la nación que registró una vacuna contra la COVID-19 se habría una ventana de esperanza al pueblo entero, pero no era tiempo de bajar los brazos, más bien era hora de intensificar la conciencia social para adoptar como hábitos cotidianos las prácticas higiénicas necesarias.

Vacunación

Hacia el 9 de enero del 2021, Formosa iniciaba el programa de vacunación más importante de su historia, que incluía al personal de salud y de las fuerzas de seguridad, para luego avanzar a inmunizar a la población civil, escalonando dicho proceso desde las personas mayores de 80 años.

Todo esto se llevó a cabo a menos de un año del inicio de las políticas sanitarias, lo cual desvela una lógica y coherencia política.

Para agosto del mismo año se alcanzó la cifra del 88% de la población formoseña inmunizada, mientras otras regiones y poblaciones se veían sobrepasadas por su dura realidad, por no haberse preparado, ni instruido a su población. Formosa se mantenía firme y con un sistema de salud reforzado.

A ello se sumó que antes de que finalice el mes de agosto se completó la vacunación de los adolescentes de 16 y 17 años de toda la provincia que se inscribieron para recibir su dosis. Y de manera simultánea, también se inmunizaron aquellas personas de 18 años en adelante que tenían pendiente la aplicación de la primera dosis.

Todo este proceso de contención, concientización y cuidados está inspirado en los postulados del Modelo Formoseño, en el cual la salud ocupa un ámbito fundamental en el que se concretan estrategias sanitarias públicas.

Es la experiencia vivida por la pandemia por COVID-19 un claro ejemplo al mundo de que el pueblo de esta bendita tierra está más que organizado, firmemente comprometido con la vida y la seguridad del pueblo en conjunto, que apuesta al futuro con fuerza y que ha demostrado son efectivos resultados durante meses, evitando contagios masivos primero y controlando los que surgían luego, estabilizando su situación al tiempo que se lucha contra la enfermedad desde adentro.

Formosa es un pueblo unido y comprometido con la idea de salvar la vida y lucha sin descanso por dar las mismas oportunidades a todos los habitantes, realizando sus acciones con vocación y amor.

Esta poderosa visión de la salud y el desarrollo humano se refuerza con el transcurrir del tiempo y la profundización de las políticas que de ella se siguen, como pueblo organizado.