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El 8 de abril es fiesta provincial en todo el territorio formoseño en conmemoración de la gesta de 1879 protagonizada por el ilustre comandante Luis Jorge Fontana, quien fundó la Villa Formosa que con el paso del tiempo se convirtió en la capital del territorio nacional primero y de la provincia, en este caso a partir de la decisión del general Perón en septiembre de 1955 cuando aprobó el pedido de 93 formoseños encabezados por el docente Vicente Arcadio “Tata” Salemi.

Hasta 1996, inclusive, fue una jornada festiva y conmemorativa reducida a los habitantes de esta ciudad.

Pero fue ese año, coincidentemente con la puesta en marcha del Modelo Formoseño para el Desarrollo Provincial, cuando toma fuerza un movimiento de políticos, estudiosos, historiadores y hombres de la cultura que coincidieron en la necesidad de generar un cambio efectivo que no solamente repare un increíble olvido sino que constituya el marco sentimental motivador de un plan de gobierno, de una planificación integral, que abarco todos los campos.

Gildo Insfrán fue categórico: somos formoseños todos los nacidos en esta tierra bendita y los que llegados de otros lares decidieron elegirla esta tierra como destino de vida.

El 8 de abril dejo de ser la fiesta de la ciudad para convertirse en un fasto provincial, integrador de culturas, de pueblos, inspirador de sueños y de realizaciones para encontrarnos y reconocernos.

Y esa visión diferente de un gobernador formoseños, dejo de ser una idea para convertirse en un hecho concreto que desde entonces se ha convertido en el acontecimiento federal mayor de los formoseño que convoco multitudes incomparables.

En este 2019, se cumplirán 22 años de esa gesta popular que sigue emocionando porque aquello que sintetizaron el acontecimiento en el compromiso con la bandera provincial expresada por los alumnos de cuarto grados de todo el territorio hoy son profesionales , técnicos, padres de familia, formoseños que no olvidan aquel 8 de abril de 1997 del estruendoso  “Si, prometemos”, hasta los globos celestes y blancos lanzados de a miles al aire acompañados por una jubilosa diana de gloria y una multitud que reina y lloraba a la vez.

Comenzamos a recrear lo que muchos soñaron y otros lo quisieron impedir: la identidad cultural de los formoseños.