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Hacía un año y ocho meses que el Polideportivo Cincuentenario no tenía a La Unión de Formosa en la cancha. Este martes 9 de noviembre esa ausencia fue pasado y este reencuentro estuvo lleno de matices que lo van a dejar ver por un buen tiempo. Es que también en cierta manera, unió tiempos, momentos, de los gratos y de los que pegan profundo, casi la vida misma en el deporte.

Un papá sacando la foto a su hijo apenas llegó al sector de plateas, la selfie en familia cuando encontraron el lugar que siempre elegían en la tribuna general, capturar con el celu el salto inicial, esa foto que nunca se sacaba porque era “lo de todos los días”. Ejemplos de una noche de regreso al Cincuentenario para ver a La Unión en la Liga con una gran respuesta de la gente que, tal como en tiempos de playoffs, estuvo detrás de los portones antes que los abran para ingresar, que hasta fue temprano para sacar su entrada e incluso tomó la precaución de estar varios minutos antes de las 21 –hora de inicio- para que los controles de certificado de vacunación no les haga perder nada.     

Para La Unión de Formosa era el primer partido en un año y ocho meses en casa y fue mucho lo que pasó en ese tiempo. Incluso lo que ocurrió con directa relación al básquet en la faz humana. Por ejemplo, las noticias que golpearon bajo como las de Oscar Scarafía y Cristian “Champú” Paredes.

La Unión de Formosa, en este regreso, los quiso tener de nuevo “sentados” ahí en la platea de madera como lo hicieron en tantas noches de Liga y lo consiguieron. Se emitió un video en la  pantalla gigante recordando a los dos entrenadores de Estudiantes y, por esas cuestiones del destino, había transmisión de TyC Sports, entonces tanto en la cancha como en sus casas, todos vieron a Oscar y a “Champú” de nuevo en el Cincuentenario.

Cuando parecía que ya era suficiente, hubo más. Fueron presentadas por el locutor Agostina Scarafía y Camila Paredes, dos niñas-adolescentes que les tocó esto a esta altura de sus vidas. Pasaron al medio de la cancha para recibir una plaquetas, conmovidas seguro, pero llenas de orgullo también por llevar el apellido que llevan, sabiendo muy bien quienes fueron sus padres y en el caso específico del básquet, lo que han dado por esa pasión que han tenido.

Los rulos de “la Cami” -como siempre la nombraba su papá “Champú”- y la sonrisa de Agostina evidenciada con barbijo y todo. Seguramente esa sonrisa significaba un “gracias papá por lo que fuiste” ante tanta demostración de respeto y también emoción de la gente.

Hubo básquet después, era por lo que todos fueron al estadio en definitiva. Y se sabe que en el deporte de alta competencia mandan los resultados. Y bueno, esa porción del reencuentro no salió como el resto pero el aplauso con el que la gente despidió al equipo luego de perder con Comunicaciones no se consigue todo los días. Esa reacción espontánea solo tenía un mensaje: ¡qué placer verte otra vez!