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El modo en que se vive en el extremo oeste en términos sociales y culturales las festividades de fin de año, sobre todo a partir de las particularidad de su población, mayormente aborigen y también la conocida como criolla chaqueña de influencia salteña, se  hicieron aun más visibles en estos tiempos de las festividades de fin de año.

Quienes residen en el extremo oeste formoseño, sobre todo en los departamentos Matacos y Ramón Lista, destacan que aun ante el proceso de “transformación  profunda que se ha dado en toda esta región”, los modos de ancestros se mantienen.

Relata por ejemplo que “la familia criolla antes vivía más bien de manera muy individual, sobre todo porque se encontraban muy dispersas, pero ahora y ante otras maneras de sociabilización a partir de procesos de transformación muy importante de lo que antes eran pequeños y aislados parajes y actualmente son localidades que han crecido enormemente. Menciono como ejemplo a poblaciones como El Potrillo, El Chorro, Lote Ocho y María Cristina, las más extremas en el departamento Ramón Lista al oeste formoseño, lo propio en el contiguo Bermejo como La Rinconada o Pozo de Maza, entre otros”, cuenta el diputado provincial Roberto Vizcaino, quien llego a esa región hace ya casi cuatro décadas.

Subrayaque “se han incorporado muchísimos servicios, energía eléctrica las 24 horas, agua potable, salud y educación en los diferentes niveles, lo que hace que la gente se agrupe en una misma comunidad y con ello se modifica la socialización y esto por supuesto modifica hábitos de celebrar la Navidad y la llegada del nuevo año, porque ahora las familias se juntan y celebran con lo que van dejando atrás ese individualismo y hacen común este tipo de fechas tan especiales”.

Expone que “en el caso de las poblaciones originarias que han recibido también todos estos servicios y especialmente la influencia de carácter religiosa con distintas iglesias como la anglicana, también tienen su forma de manifestarse, organizándose celebraciones y encuentros comunitarios. Y por supuesto, el gesto de todos los años tan tradicional de la sidra y pan dulce que ofrece el gobierno es algo que se incorporo como símbolo del compartir, aunque en el caso de las comunidades aborigen hacen sus aportes particulares”.

Revela como ejemplo de algunos de los rasgos distintivos el hecho de que “las familias se unen y adquieren en conjunto mercaderías y carne para lo que llaman la “olla en común”, alrededor de la cual no solo está el compartir la comida sino que organizan juegos y por supuesto aflora la manifestación religiosa”.

 

Lo productivo

 

Vizcaino refiere a que en los menús “hay también exquisiteces a partir de la harina del algarrobo que es muy propio de ellos”, además de la masificación en la conectividad con celulares y netbooks trae aparejado también cambios de conductas y también en la alimentación, pero como señalara antes, lo ancestral está presente en la cotidianeidad y en festividades como las de fin de año.

Evoca que “ya no solo está el masticar la chaucha del algarrobo y el colocar la chaucha en el mortero y con agua se ñapeaba y se elaboraba un bebida que no era fermentada, -no la aloja, aclara-, pero muy tomada”, para aludir a que “desde hace unos años esto se fue modificando, incluso se encaran importantes proyectos de implantaciones de bosques nativos con especies de algarrobos”.

“Desde hace ya dos años atrás en la comunidad de El Quebracho a través de un proceso transformador donde intervienen el ministerio de la Producción y Ambiente, la Escuela Agro técnica del lugar y la fundación Gran Chaco se cuentan con viveros propios y una estrategia productiva muy buena”, significa.

Refiere que “por una parte se cosecha la chaucha del algarrobo y se la comercializa para ser utilizada como forraje del ganado, y por otra parte se elabora la harina con la cual se producen una variedad de productos. El 8 de diciembre último hicieron una feria donde exhibieron todo el proceso de la cosecha pero incorporando tecnología para la molienda y llegar a la harina y elaborar budines, pan dulce y una variedad de comidas que fueron degustadas”.

Considera como “otro hecho muy destacado es que en todo esto están involucrados de manera conjunta los aborígenes wichi del lugar y los criollos que son parte de la Asociación de Productores de El Quebracho, con lo cual se dio un gran paso en el proceso de integración. Indico que también progresan “el agredo de valor” a partir de dulces y mermeladas envasadas, lo propio en cuanto a escabeches de animales silvestres y la mejora en calidad y variedad de las artesanías

Para Vizcaino todos estos avances “son muy buenos ejemplos de cómo articulando la educación con la producción se va fortaleciendo el desarrollo local, y se logra con los recursos de la zona, sin tener que trasplantar ideas foráneas. Y todo esto genera trabajo y por supuesto una mejor calidad de vida en los habitantes, y lo fundamental es que el joven que egresa de la escuela agrotecnica tenga un proyecto de vida porque está en condiciones de implementar un proyecto viable, como lo son otros en esa región caso la apicultura que nació con una pequeña asociación que se fue extendiendo a otras comunidades”.

Considera que “mirando a mediano y largo plazo las expectativas son muy buenas, ya en el corto estamos ante un mercado interno que ya está consumiendo estos productos desde los panificados a base de harina de algarrobo y la misma miel, incluso ya están planteando elaborar caramelos de miel y existen otras ideas”.

Marco finalmente Vizcaino el “enorme valor de la educación”, subrayando los “enormes progresos” en este sentido y que dijo “se reflejan en los más de cien estudiantes universitarios aborígenes, muchos de los cuales regresan a sus comunidades a hacer su aporte en este proceso de transformación”.