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A nueve años de recibir un trasplante cardíaco, joven de 33 años relata detalles del “milagro de volver a vivir”

Se trata del paciente Carlos Arrúa. De 33 años. Luego de seis horas de intervención quirúrgica, salió consiente del quirófano y su recuperación fue notable

El formoseño Carlos Arrúa, hoy de 33 años, fue la primera persona en recibir un trasplante cardiaco en la provincia, cuando solo contaba con 24 años de edad. Al cumplirse nueve años de “esa nueva oportunidad”, relata detalles de su historia de vida.

Todo comienza cuando tenía  apenas 15 años, momento en el que comienza a sentirse mal, lo tratan en hospitales de Buenos Aires y hasta los 18 años no vuelve a tener grandes problemas de salud.

Siendo ya un joven de casi 19 años, nuevamente comienza a sentirse agotado constantemente y prácticamente le costaba caminar por exceso de agotamiento; empieza nuevamente todo el camino de la incertidumbre, viajes hasta la capital, estudios, medicamentos pero ningún tratamiento hacía ya efecto, cada día estaba peor; es así que desde el hospital Central lo derivan al hospital de alta complejidad para realizarle diversos estudios ya que en ningún otro hospital se había dado con el problema cardiaco que padecía.

Es entonces cuando le detectan una miocardiopatía dilatada e insuficiencia cardiaca. Como consecuencia pasa internado dos largos meses en espera del donante de órgano que él necesitaba y finalmente, el 23 de octubre del año 2007 es intervenido quirúrgicamente. Lo sorprendente fue que después de seis horas en el quirófano, el paciente pudo salir consiente y no necesito ser entubado en ningún momento, ni antes ni durante ni después de la operación.

“Estuve dos meses internado en el Hospital de Alta Complejidad a la espera del órgano; durante ese largo tiempo para mi estuve contenido y apoyado no solo por toda mi familia, sino también por el personal del hospital que se portaron excelente conmigo y con mi familia, recordó.

“Cuando estas en una situación como la que me tocó vivir lo que más deseas es que aparezca el donante para poder seguir viviendo; saber que tu vida depende de la solidaridad de otra familia que en esos momentos  están sufriendo la pérdida de un ser querido, es muy duro y difícil; las dos situaciones son durísimas pero de eso depende tu vida y te aferras a eso”, contó Carlos.

Después de haber vivido todo eso y de haber superado esta enfermedad, hoy se encuentro muy bien, no ha vuelto a tener problemas cardiacos, puedo trabajar como cualquier persona normal, disfruta de su familia el día a día y sobre todo siempre agradecido a los que hicieron posible su recuperación, manifestó en diálogo con la prensa.

“Quiero pedir a toda la comunidad formoseña que se acerquen a los lugares donde pueden recibir información acerca de la donación de órganos, que se animen; es un acto con el que pueden salvar vidas, yo soy un claro ejemplo de ello; en Formosa hay muchos trasplantados y muchos más en lista de espera que necesitan, como yo necesité en su momento, de ese acto altruista y bondadoso por parte del prójimo”, expresó visiblemente emocionado.

También destacó: “Gracias a haber podido acceder  a esa cirugía que me salvo la vida y no supuso ninguna clase de gastos para mí ni mi familia hoy puedo contar mi historia e intentar hacer ver a las otras personas la importancia de la donación de órganos”.

Antes de finalizar reflexionó: “Teniendo en cuenta que en otros países acceder a esta clase de intervención quirúrgica supone un elevadísimo coste económico al cual no todas las personas pueden hacer frente; es de un enorme valor para los formoseños saber que acá contamos con un sistema de salud pública que puede dar respuesta a este tipo de patologías de manera totalmente gratuita; eso es una de las tantas cosas que debemos agradecer al gobierno provincial y a la gestión del gobernador Gildo Insfrán”.

Sin dudas, una increíble historia donde la fe y la ciencia hicieron el milagro de “volver a vivir”.