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Caciques y dirigentes sociales indígenas, sobre todo aquellos ya entrados en años, fueron actores centrales en el renovar de ceremonias ancestrales y lo propio en torno al vivificar ricas historias de sus comunidades hoy transformadas.

Lo hicieron el pasado viernes ante el gobernador Gildo Insfran y la comitiva que lo acompañara a inaugurar una decena de obras para establecimientos educativos en comunidades aborígenes cercanas al bañado La Estrella.

Es que caciques como Delfín García de Campo del Cielo y Domingo Peralta de la comunidad Cacique Coquero, o Raúl González, director pilaga ante el ICA, y también Catalino Sosa director de la etnia toba, junto a sus familiares, fueron protagonistas con el revivir de ceremonias, historias y también en sus testimonios acerca de luchas más contemporáneas como la vinculada a la realización de la obra hidrovial de la ruta 28.
El mismo Insfran le agradeció a Delfín García la dimensión de la ceremonia de recepción que recibiera, junto a su hija Yanina que lo acompañaba. “En otros lugares ponen una alfombra roja, vos lo hiciste con hojas de palmas que significan bienvenido, amor, amistad y esperanza”, le dijo.

Consustanciado con la rica historia de Campo del Cielo,
aludió al nombre de la escuela 122, el de Nicolas Curestis, que relato se trato de un comerciante criollo muy prospero de esa zona hace ya más de medio siglo. Expuso el mandatario –dado que pudiera resultaba por ahí particular porque no se impuso con el nombre de un aborigen al establecimiento-, que la escuela fue creada para educar criollos en el año 1943, época en la cual no se contemplaba a los indígenas en el sistema educativo, y que el señalado Curestis defendió la causa pilaga en el año 1947 donde se presento un escenario difícil para los indígenas, de ahí este testimonio.

El gobernador le dijo al cacique: “Delfín yo te agradecí muchas veces en privado por tu lucha, tu comprensión, por ser un hombre de buena fe y confiar en nosotros”, y en este caso públicamente lo situó como “uno de los paladines” de la defensa de la ejecución de la obra hidrovial de la ruta 28, extendiendo a los demás aborígenes, caciques, delegados, entre otros, que defendieron junto a nosotros contra aquellos que se opusieron a que esto se hiciera realidad.

Dijo que prefería no calificar a quienes en su momento se opusieron a este proyecto. Indico que “la historia, el pueblo los calificara”, de todos modos reprobó a quienes se opusieron “a esta gran obra cuando ya teníamos financiamiento internacional (BID), que llevo a paralizar por seis meses los trabajos”.

Recordó que decían que el agua iba a retroceder e inundaría todo, y pese a que los especialistas les explicaron que no sería así, insistían por los medios provinciales y nacionales con esta tozudez.
Aquí revelo que “por esa traba interpuesta se tuvo que bajar 50 centímetros el rasante de la obra generando que se perdiera más agua. Es decir que si se hubiera conservado esa altura, la disponibilidad de agua como reservorio hubiera sido muchísimo más. Cuanto perjuicio causo esta gente a toda la región”.