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En un escenario nacional similar a cuando se lanzara el Paippa, poco más de dos décadas atrás, es decir un “neoliberalismo golpeando fuertemente, sobre todo a los que menos tienen”, los pequeños y medianos productores exhiben una realidad totalmente diferente. Y es que los paipperos de la zona norte acaban de mostrar “orgullosos” la “enorme evolución” de sus producciones a partir de ceñirse a protocolos con base científica-tecnológica.

Así lo certifican coincidentes los propios paipperos de la zona norte provincial, quienes decidieron invitar al gobernador Gildo Insfran para contarle y mostrarle en chacra los progresos tenidos a partir de innovar su manera de producir. La rotación de cultivos diversificados, la aplicación de la mecanización y el apego a protocolos que dan los mejores resultados, es decir en territorio apreciar lo revelador de la “transformación de la familia rural” alcanzada a partir de un estado presente.

Los equipos técnicos de la cartera de Producción y Ambiente, el Instituto Paippa y el Cedeva, conjugan estrategias para llegar con una asistencia integral y que excede el aporte de la mejor semilla e insumos, ya que se han elaborado protocolos fruto de investigaciones que deben cumplir y un creciente proceso de mecanización.

Y las opiniones fueron coincidentes de los paipperos de la colonia Primera Punta que compartieron varias horas con el primer mandatario formoseño. “No solo que perdimos la vergüenza de llamarnos paipperos sino que estanos orgullosos de serlo”, expuso un optimista Orlando Velázquez que mixtura la agricultura para alimentar a su creciente explotación porcina.  

Incluso expone que “jamás pensamos que iríamos a tener –a través de la calicata-, una información completa del suelo de nuestra chacra y elegir el mejor método de preparar para la siembra. Una cosechadora moderna en nuestras chacras alzando los buenos rindes a partir de la mejor semilla y consejos de los técnicos, hace posible una realidad que en serio no lo soñábamos”.

Diego Fretes, que viene de varios años de sembrar batata y mandioca comenzó a ampliar su diversificación, con 120 hectáreas de algodón en plena cosecha y rindes de hasta 3 toneladas/hectárea, y trabajando en la preparación del suelo para la siembra de verdeo yunto a su padre Antonio, recibieron a Insfran en su chacra y escuchó con atención a ambos. Estos reconocieron la “transformación devenida de la puesta en marcha del Paippa no solamente en lo eminentemente productivo sino también en materia educativa, habitacional, sanitaria y, sobre todo, la seguridad jurídica con la propiedad de la tierra que les era negada a los campesinos con pocas hectáreas, y ahora en esta etapa donde se acentúa la incorporación de producir con base científica-tecnológica”.

Por su parte el productor Juan Martínez, que posee 20 hectáreas de algodón con rindes por sobre los 2.2 mil kilos, además de lotes de maíz, afirmo que el Paippa “mantiene el carácter revolucionario de su creación”, entendiendo que es una de las principales herramientas de inclusión y promoción llevada adelante por el doctor Insfrán, haciendo posible que los pequeños productores y sus familias puedan realizarse plenamente en el lugar nacido o que eligieron para vivir”.

Para Heleno Romero que posee plantaciones de frutales en su chacra y apuntala otras opciones como zapallitos, poroto, mandioca y melón, “el modelo formoseño alcanza más vigencia que nunca, pues todas las políticas van rumbo a la diversificación productiva, el agregado de valor en origen y la inclusión de la familia rural”.

El propósito del comienzo de lograr el autosostenimiento quedo atrás definitivamente, estamos consolidando la autogestión productiva del pequeño productor y su familia, mediante un proceso de promoción social y desarrollo sostenido donde ahora le sumamos lo científico y la tecnificación”.

 

Industrialización creciente

 

Lucrecia Ayala tiene una plantación de caña de azúcar y procesa la miel, además de sembradíos de poroto, melón, variedades de maíz y batata. Con el aporte de plantines del CEDEVA de Tacaagle introdujo cítricos como naranja, mandarina, quinotos y limón, además del maracuyá, carambola, higo y dos tipos de guayaba que ya le dieron la posibilidad de elaborar mermeladas y dulces. Se está tecnificando progresivamente para ampliar la industrialización de su variada producción de frutales.

Expuso que “dejamos atrás el asistencialismo y pasamos de manera asociada a ser parte de una gigantesca empresa solidaria capaz de producir y comercializar en escalas más ambiciosas”, aspirando en acentuar “otras actividades que le agreguen mayor valor a su producción como emprendimientos de industrialización y de comercialización”.

Daiana Morales, hija de pequeños productores, estudia el último tramo del nivel Superior en la zona. Expuso que no debió emigrar para continuar estudiando y que mantiene su tarea en la chacra en la producción de tomate y morrón, hortalizas en general y en menor escala la mandioca y maíz

Valoró los cambios en las curriculas para que las nuevas generaciones reciban el conocimiento relacionado a lo productivo y sean parte de todo este proceso tendiente a modificar la situación de la comunidad que habitan, ponderándose asimismo que sean una veintena las actuales escuelas agrotecnicas y se creara  el Instituto Universitario Formoseño.

“La columna vertebral de la producción agropecuaria está conformada por la familia del pequeño productor agropecuario. El Paippa hizo mucho más que visibilizar al campesino, le dimos valor como unidad económica a su pequeña chacra, sin dejar a un lado la unidad más valiosa es su propia dignidad de vida con su familia”, concluyo un emocionado Carlos Sotelo, coordinador del Instituto Paippa