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Fue el profesor Ulderico Todó, español él, quien le marcó a fuego su vida de pintor en su natal Villa Dolores, bella ciudad serrana a la que regresa en este tiempo de vacaciones, y aunque no olvida sus primeras exposiciones siendo muy jóven aún el profesor Clemar Morales jamás olvida cuando tras egresar como maestro tuvo como destino docente la escuela 46 de Siete Palmas.

“En esta tierra hermosa mis retinas cambiaron montañas por llanuras, arroyos por anchos ríos, sauces por floridos lapachos, jarillas por vinales, álamos por centinelas del agua ,las eternas palmeras”, relata.

Es uno de los hombres de la cultura más requerido aunque su bajo perfil le ha quitado un poco de notoriedad aunque sus obras , que reflejan su pasión por el paisaje del pais en general y formoseño, en particular, están presente en muchísimos hogares y salas de arte de Formosa.

Morales- apasionado tambien por la música como integrante de Los del Bermejo- refiere en ese sentido que a sus expectantes lienzos, paisajes de nuestra inmensa geografía de los cuatro puntos cardinales. “Y gracias al Creador, busco desde la infancia los colores cual duendes escondidos en la quietud del agua, en la bella trama del follaje o en la simpleza breve de una flor”, apunta con su “cantito” cordobés del que jamáas se apartó y que le otorgan cadencia a su modalidad expresiva.

En sus obras paisajísticas, los árboles aparecen como elementos sobresalientes.

“Son mis amigos…….Siento de manera especial una misteriosa admiración por ellos. Son, los árboles, la unión de la tierra con el cielo. Abrevan la savia en la oscuridad , para luego elevarse hacia la luz”, explica..

Y al nombrar algunos de ellos que ya están plasmados en sus lienzos, incluye a las palmeras con la confesión que le genera deleite testimoniarlas, sobre todo a las que crecen en Formosa.”Ellas son mis “amigas”. Cuando están juntas y en sociedad con el viento me traen recuerdos del sonido de las olas del mar. Son ellas las que no sucumben con el fuego ni con el agua”, confía.

Clemar no oculta , sin embargo, “ el hermoso dialogo que mantengo al retratar los lapachos con sus follajes rosados, amarillos o albinos”, para enseñar que “transitando los chacos descubro los no deseados y espinudos vinales, guardianes de la arisca hacienda. Encontrarme en esas siestas del oeste con los fuertes itines que te regalan una fresca sombra. Son los mechudos montaraces”.

Morales plasma,además, al algarrobo, al que reconoce como “ erl capitán de los árboles” y a los chivatos “ fuente eterna de admiración por la soberbia de sus ponchos rojos. Ellos nos anuncian las navidades”.

Sintetizando, este consagrado artista plástico, que pasó muchos años de su vida docente en Estanislao del Campo, precisa: “Los árboles son la vida y ejemplo de paciencia. Cada uno representa un ser querido o amigo que está o se ha ido”.
Entiende que el paisaje con sus árboles, es la escenografía natural del hombre y musa inspiradora de todas las artes.