*Por Carlos Raúl Enrique Salina
En los albores de la era tecnológica, la planificación estratégica de las políticas públicas exige una transformación radical de las estructuras de formación laboral y profesional.
En la provincia de Formosa, esta exigencia no se aborda como una mera respuesta de mercado, sino como una profunda determinación política: la educación es concebida formalmente como una cuestión de Estado y el auténtico nuevo rostro de la justicia social. Bajo esta premisa, el Modelo Formoseño sitúa al hombre y a la mujer de la provincia como el centro indisoluble de toda acción de gobierno, garantizando que la inclusión con equidad sea el motor del desarrollo de la comunidad.
La irrupción de la denominada sociedad del conocimiento plantea desafíos científicos complejos frente al avance de las nuevas tecnologías. Para responder a este escenario, el Ministerio de Cultura y Educación ha implementado acciones estratégicas orientadas a preparar a las jóvenes generaciones, asegurando una formación diferencial que no solo permita la asimilación técnica, sino que consolide la soberanía tecnológica y el desarrollo local sustentable. El eje vertebral de esta vanguardia pedagógica es, de manera indiscutible, el Instituto Politécnico Formosa “Dr. Alberto Marcelo Zorrilla” (IPF).
Reseña histórica: génesis, planificación y nacimiento del Politécnico (2013-2018)
La fisonomía actual del Instituto Politécnico Formosa (IPF) no es producto del azar, sino el resultado de un proceso de maduración estratégica que comenzó a gestarse en el mes de julio del año 2013. En aquel momento, cuando en el seno del gobierno provincial comenzó a diseñarse la creación del Polo Científico, Tecnológico y de Innovación (PCTI) en las proximidades de la ciudad de Formosa, se abrió un debate paralelo sobre la urgencia de estructurar trayectos formativos y de alta capacitación que acompañaran conceptual y operativamente a dicho espacio de vanguardia.
Tras concretarse la correspondiente audiencia pública para el establecimiento del PCTI, cobró forma una propuesta de formación técnica avanzada alineada con las demandas del sector socio-productivo local. Para operativizar esta visión, se determinó la necesidad de instituir un área académica autónoma: un instituto tecnológico capaz de amalgamar procesos sistemáticos donde la teoría y la práctica estuviesen en perfecta consonancia. Así nació la idea de implementar, como oferta fundacional, la Tecnicatura Superior en Mecatrónica, un área de conocimiento sinérgica que integra las ciencias básicas, la electrónica, la mecánica, el control automático y las tecnologías de la información para el diseño de sistemas electromecánicos inteligentes.
Durante los años 2014 y 2015, los equipos técnicos provinciales exploraron exhaustivamente los planes de estudio de las escasas instituciones que dictaban dicha carrera en el país y en el extranjero. En este periodo de diseño y consulta, la provincia recibió la visita del ingeniero Oscar Fernández, entonces director del prestigioso Instituto Balseiro (IB).
A través de las relaciones preexistentes de las autoridades provinciales con investigadores del IB, sostenidas mediante convenios para el Proyecto CAREM y la formación de recursos humanos, se sumó al diseño estratégico el doctor Rolando Granada, docente e investigador del IB, quien aportó su vasta experiencia en formación científica.
Este trabajo conjunto entre el Ing. Fernández, el doctor Granada y el ingeniero Julio Aráoz, entonces subsecretario de Desarrollo Económico de la provincia, ya había dado frutos previos con la apertura de la Especialización Técnica en Instalaciones Nucleares (ETIN) y la Especialización de Técnicos para Centros de Medicina Nuclear (ETINMEN), diseñadas con el respaldo del Ministerio de Educación de la Provincia, el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) y el Ministerio de Planificación Federal. En este marco de transferencia de saberes, Fernández gestionó nexos con la Universidad de Cuyo, pionera en dictar Mecatrónica en el país, y dialogó con Zorrilla, entonces ministro de Cultura y Educación de Formosa, sobre la imperiosa necesidad de radicar estas ofertas en territorio formoseño.
Hacia fines de 2016 y durante el año 2017, la Dirección de Educación Técnica de la provincia, junto al Ingeniero Petzl del INET, avanzó en la confección de los estándares de la carrera. Al equipo se incorporó el ingeniero formoseño Francisco Pielmann, formado en la UTN Córdoba, contando con el asesoramiento normativo y curricular del profesor Marcelo Naudi. El documento base resultante fue sometido a las instancias de planeamiento educativo local, culminando formalmente el 31 de enero del año 2018, cuando el gobernador de la provincia de Formosa, el doctor Gildo Insfrán, firmó el Decreto Provincial N° 18/2018, dando nacimiento oficial al Instituto Politécnico Formosa como una institución de educación superior avanzada.
El bloque jurídico e institucional y el homenaje doctrinario
La consolidación institucional del IPF responde a un diseño de políticas públicas articulado en un robusto marco normativo. Su decreto de creación lo constituyó como un organismo descentralizado de la Administración Pública Provincial, vinculándolo funcionalmente a través del Ministerio de Cultura y Educación. Este andamiaje se inserta plenamente en la legalidad federal y provincial, alineándose con las Leyes Nacionales N° 26.206 (de Educación Nacional), 26.058 (de Educación Técnico Profesional), 24.521 y su modificatoria 27.204 (de Educación Superior), junto a la Ley N° 1613 de Educación de la provincia de Formosa.
A este bloque se sumó la Resolución N° 536/19 del Ministerio de Cultura y Educación, herramienta técnico-pedagógica que validó los trayectos formativos oficiales. Un hito de profunda significación institucional y afectiva ocurrió mediante el Decreto Provincial N° 110/2021, el cual impuso formalmente al instituto el nombre de “Dr. Alberto Marcelo Zorrilla”, honrando de este modo la memoria de quien en vida fuera un fervent¬e promotor de las políticas públicas y un incansable defensor del afianzamiento y ampliación del sistema educativo formoseño desde la cartera ministerial.
Análisis de la matrícula y la beca “Soberanía Tecnológica”: La inclusión en datos
La vocación inclusiva y federal del Instituto Politécnico Formosa no se agota en enunciados retóricos; se demuestra empíricamente en la evolución de sus métricas de matriculación y en el impacto de sus políticas de bienestar estudiantil. De acuerdo con los registros oficiales auditados en el documento institucional IPF – “Cuadro evolución matrícula y becas marzo 2018-mayo 2025.xlsx”, la trayectoria de la matrícula demuestra un crecimiento exponencial y sostenido:
• 2018: El instituto inició sus actividades académicas con una matrícula fundacional de 40 alumnos regulares en su única oferta, la Tecnicatura Superior en Mecatrónica (TSM).
• 2019: La matrícula total se elevó drásticamente a 98 alumnos, debido a la apertura de la Especialización Tecnológica en Desarrollo de Software. Este año es histórico por la creación, por parte del Gobierno provincial, de la Beca Soberanía Tecnológica, destinada a garantizar el acceso igualitario de oportunidades, especialmente para los jóvenes provenientes de los departamentos del interior provincial. En su primer año de implementación, la beca alcanzó a 47 becarios, representando el 47,96% del total de la comunidad estudiantil.
• 2020: El número de estudiantes ascendió a 113, de los cuales 63 contaban con el beneficio de la beca, lo que elevó la cobertura social al 55,75% de la matrícula.
• 2021: Con una matrícula consolidada de 110 alumnos, el total de becarios se ubicó en 43 (39,09%).
• 2022: La institución dio un salto cuantitativo y cualitativo al diversificar su oferta con la incorporación de dos nuevas carreras estratégicas: la Tecnicatura Superior en Química Industrial (TSQI) y la Tecnicatura Superior en Telecomunicaciones (TST). La matrícula global trepó a 159 alumnos, con 69 becarios (43,40%).
• 2023: El universo estudiantil llegó a los 211 alumnos, rompiendo por primera vez la barrera de los cien beneficios con un total de 101 becarios (47,87%).
• 2024: La matrícula total alcanzó los 262 alumnos, registrando 138 becarios (52,67%).
• 2025 (Picos y consolidación): El instituto experimentó su mayor auge de absorción académica, alcanzando un pico de 321 alumnos en agosto. Al cierre del ciclo lectivo en diciembre de 2025, la matrícula se estabilizó en 313 alumnos activos, distribuidos con notable equilibrio sectorial: 103 en Desarrollo de Software, 74 en Telecomunicaciones, 72 en Mecatrónica y 64 en Química Industrial. El total de becarios ascendió a 178, cubriendo al 56,86% del alumnado.
• 2026 (Actualidad operativa): Los datos consolidados al mes de mayo de 2026 muestran una matrícula de 277 alumnos activos, con un desglose por año y carrera que evidencia la regularidad de las cohortes: Mecatrónica registra 88 alumnos (44 en 1°, 25 en 2° y 19 en 3°); Desarrollo de Software cuenta con 96 alumnos (49 en 1° y 47 en 2°); Química Industrial computa 45 alumnos (22 en 1° y 23 en 2°); y Telecomunicaciones suma 48 alumnos (26 en 1° y 22 en 3°). Lo más histórico de este período es que el total de beneficiarios de la Beca Soberanía Tecnológica se ubica en 183 estudiantes, alcanzando un índice récord de cobertura del 66,06% de la masa estudiantil total.
Hitos académicos y el camino hacia la infraestructura propia
El recorrido locativo de la institución da cuenta de un esfuerzo logístico notable. Las actividades de la Tecnicatura en Mecatrónica comenzaron formalmente el 19 de marzo de 2018 en las instalaciones cedidas por la Escuela Provincial de Educación Técnica N° 1 (EPET N° 1), luego de un curso de nivelación que congregó a 170 preinscriptos repartidos en comisiones en la EPET N° 1 y la EPET N° 5, coordinado por la doctora Alicia N. Alcaraz con el auxilio de los profesores Medina, Ferreira, Bullón, Ojeda, Domínguez, Passennheim, Zamboni y Salinas.
En el año 2020, el Politécnico celebró la graduación de su primera promoción de técnicos en Mecatrónica. En 2022, hizo lo propio con la primera promoción de la Tecnicatura Superior en Desarrollo de Software Multiplataforma.
El año 2024 representó la cúspide académica de este proceso: por primera vez en la historia institucional, en un emotivo acto celebrado en el Polo Científico, Tecnológico y de Innovación, egresaron alumnos de las cuatro ofertas en simultáneo, despidiéndose a la quinta promoción de Mecatrónica, la tercera de Software, y las flamantes primeras promociones de Química Industrial y de Telecomunicaciones.
Este crecimiento académico demandaba un espacio físico definitivo que estuviera a la altura de las circunstancias. Así, el 25 de junio de 2025, la comunidad formoseña asistió a un acontecimiento histórico: la inauguración oficial del edificio propio del Instituto Politécnico Formosa, emplazado en el kilómetro 1190 de la Ruta Nacional 81.
El corte de cinta, presidido por el gobernador Insfrán, junto al director de la entidad, Horacio Gorostegui, el jefe de Gabinete a cargo del doctor Antonio Ferreira, el ministro de Cultura y Educación, Julio Aráoz, y las máximas autoridades universitarias y científicas de la región (UNNE, UTN, INTA), marcó la apertura de un complejo civil y científico formidable.
El edificio definitivo fue dotado inmediatamente de equipamiento de alta tecnología para la formación profesional, incluyendo una unidad de transporte Mercedes Benz Sprinter 517 año 2025 para el traslado de estudiantes, un equipo de cromatografía líquida de última generación para análisis químicos complejos, y 50 computadoras HP Ryzen 5 de alto rendimiento. Durante el recorrido inaugural, quedaron habilitados los Laboratorios de Telecomunicaciones (especializados en redes y señalización avanzada), las Salas de Informática dedicadas al desarrollo de software multiplataforma, los Laboratorios de Química Industrial para prácticas experimentales, el Aula Magna con capacidad para 100 estudiantes, el comedor y los amplios talleres de Mecatrónica dotados de sistemas de automatización y robótica industrial.
Vanguardia en acción: La Hackatón 2025 y la convergencia federal con la visita de Axel Kicillof
El año 2025 no solo representó el hito de la refundación edilicia, sino la definitiva consolidación del Politécnico como un entorno de experimentación en tiempo real y un nodo central del debate geopolítico nacional sobre el desarrollo soberano. La transferencia de conocimientos y la validación de las capacidades de los estudiantes encontraron su máxima expresión práctica en la Hackatón IPF 2025, un certamen intensivo de innovación abierta que reconfiguró la dinámica académica de la institución.
Durante este encuentro tecnológico, equipos interdisciplinarios integrados por estudiantes de Mecatrónica, Software, Química y Telecomunicaciones trabajaron en jornadas ininterrumpidas para resolver problemas reales de la matriz socio-productiva y ambiental de la región. El impacto de la Hackatón 2025 fue multidimensional:
El impacto de la innovación aplicada: Los proyectos presentados superaron la lógica del simulacro académico para convertirse en prototipos viables de economía circular, optimización de recursos hídricos en plantas locales y sistemas de sensorización remota para pequeños productores agroecológicos. Este ejercicio demostró empíricamente la efectividad del modelo pedagógico del IPF: la capacidad de procesar alta tecnología bajo demandas sociales urgentes, consolidando el arraigo juvenil mediante la resolución cooperativa de desafíos territoriales.
A este despliegue de capacidades técnicas y comunitarias se sumó un hito político e institucional de profunda trascendencia para el federalismo argentino: la visita oficial al predio del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien recorrió los flamantes laboratorios junto al gobernador, el gobernador Insfrán y los equipos científicos de la provincia.
La presencia de Kicillof, analizada desde la perspectiva de las ciencias económicas y la planificación industrial, revistió un carácter estratégico central. El mandatario bonaerense ponderó al Instituto Politécnico Formosa como un modelo ejemplar de inversión pública contra-hegemónica, destacando que, en un contexto nacional signado por discursos de ajuste y desfinanciamiento de las estructuras científicas, Formosa responde con la expansión física de sus aulas y la democratización del acceso al conocimiento de frontera.
Este diálogo interprovincial explicitó que el desarrollo tecnológico de vanguardia no es patrimonio exclusivo de los centros urbanos tradicionales o del centralismo porteño. La convergencia política y doctrinaria observada durante la visita ratificó al Politécnico como un bastión de resistencia federal, donde la industrialización de la ruralidad, la bioeconomía y la formación de cuadros técnicos altamente calificados se consolidan como las únicas herramientas genuinas para alcanzar la independencia económica y la soberanía tecnológica de las provincias argentinas.
El pensamiento complejo de Edgar Morin en la formación politécnica
Para comprender la novedad académica que encarna el Instituto Politécnico Formosa, es preciso iluminar su praxis a la luz del pensamiento complejo del filósofo francés Edgar Morin, particularmente a través de su obra Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, elaborada para la UNESCO. Morin advierte con lucidez que la supremacía de un conocimiento fragmentado y compartimentado en disciplinas hiperespecializadas impide de manera dramática operar el vínculo vital entre las partes y las totalidades. La inteligencia parcelada y reduccionista rompe lo complejo del mundo, volviéndose miope e incapaz de resolver los problemas globales y esenciales de las sociedades contemporáneas.
El IPF rompe con este modelo tradicional de abstracción matemática y aislamiento disciplinar. Su diseño institucional promueve activamente lo que Morin denomina “un conocimiento pertinente”, aquel que es capaz de abordar los problemas en sus contextos, sus dimensiones múltiples y su complejidad inherente. Al articular estrechamente el laboratorio, el taller y el entorno socio-productivo de la provincia, el Politécnico estimula la “inteligencia general” de los estudiantes, favoreciendo su aptitud natural para ligar los conocimientos científicos con las realidades concretas del territorio.
Asimismo, la propuesta académica del IPF incorpora el imperativo moriniano de “enfrentar las incertidumbres”. En la era del cambio vertiginoso y la automatización, la educación no puede limitarse a impartir certezas deterministas obsoletas; debe enseñar principios de estrategia que permitan a las mentes jóvenes navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas, preparándolas para esperar y afrontar lo inesperado.
Esta concepción pedagógica se asienta finalmente en lo que Morin define como “La Tríada del Futuro” o la antropo-ética, estructurada en el bucle indisoluble de la condición humana: individuo-sociedad-especie. La educación en el IPF no busca la mera producción de autómatas tecnocráticos subordinados a la inteligencia artificial, un peligro latente en el pensamiento técnico ciego. Por el contrario, asume que el desarrollo verdaderamente humano debe comprender el progreso conjunto de las autonomías individuales, la participación comunitaria solidaria en el modelo de provincia y la toma de conciencia de la ciudadanía terrestre en el nuevo milenio.
La mirada en la bioeconomía y la soberanía educativa-politécnica
La gran novedad académica del Instituto Politécnico Formosa radica en su capacidad para situarse en la frontera científica del siglo XXI mediante la adopción de la perspectiva de la bioeconomía. El decreto de creación del IPF establece con claridad que la institución debe orientar sus ofertas formativas hacia la transferencia de tecnologías destinadas al desarrollo local sustentable y la preservación del ambiente. En este sentido, la bioeconomía se erige como el paradigma técnico y productivo idóneo para el Noreste Argentino.
La bioeconomía implica la convergencia de las ciencias biológicas, la mecatrónica y las tecnologías digitales aplicadas a la transformación de los recursos renovables y los desechos en productos con alto valor agregado, biocombustibles y soluciones biotecnológicas. El IPF, mediante sus departamentos de laboratorios y talleres, se convierte en el motor de esta transformación en Formosa. Los profesionales allí formados adquieren capacidades para:
• Diseñar sistemas de agricultura de precisión que optimicen el rendimiento de los suelos sin la utilización masiva de agroquímicos degradantes, mitigando las catástrofes ecológicas de la falsa racionalidad tecno-burocrática.
• Investigar procesos biotecnológicos aplicados a la producción local de alimentos y al manejo eficiente del agua, fortaleciendo el equilibrio hídrico regional.
• Desarrollar esquemas de economía circular e industrialización biológica que reduzcan la huella de carbono de las actividades productivas de la provincia.
Esta articulación científica es la que materializa la auténtica soberanía educativa y politécnica. La soberanía no es el aislamiento; es la capacidad autónoma de un pueblo para decidir qué conocimientos produce, cómo forma a sus técnicos y de qué manera utiliza su biodiversidad y sus recursos estratégicos para asegurar el bienestar de sus habitantes. Al dominar las tecnologías de la bioeconomía, Formosa deja de ser una mera proveedora de materias primas biológicas para convertirse en una generadora de valor tecnológico, defendiendo su autonomía y garantizando que la riqueza generada permanezca en el suelo provincial para beneficio de los formoseños.
La dignidad humana frente a la técnica: Una conclusión ecuménica
Un análisis académico integral de estas características no puede prescindir de una profunda conclusión ecuménica, conectando el Modelo Formoseño con la rica tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, inaugurada históricamente por la célebre encíclica papal de León XIII (Rerum Novarum). Esta tradición eclesiástica ha sostenido de forma invariable que las estructuras económicas, los avances de la ciencia y el capital deben estar estrictamente subordinados a la dignidad del trabajo humano y a los imperativos de la justicia distributiva. El pensamiento ecuménico condena la deshumanización que provoca una técnica desbocada y un mercado ciego que reducen al trabajador a una mera pieza descartable del engranaje productivo.
Existe una sintonía profunda entre la mirada bioeconómica del Instituto Politécnico Formosa y este magisterio social. La educación politécnica en nuestra provincia no concibe la tecnología como un fin en sí mismo o como un instrumento de dominación burocrática, sino como un medio de liberación y dignificación del hombre. Al poner el conocimiento científico más avanzado al servicio del desarrollo sustentable y de la preservación de la naturaleza, la “Casa Común” de la teología ecuménica contemporánea, el IPF demuestra que es posible conjugar el progreso técnico con el humanismo solidario.
En definitiva, la inserción del Instituto Politécnico Formosa en la matriz productiva y en el texto de la nueva reforma constitucional de la provincia es el testimonio vivo de un Estado presente que planifica el futuro. Frente a las corrientes globales de fragmentación e individualismo deshumanizante, Formosa responde con un modelo de formación diferencial, pertinente, complejo y profundamente soberano, donde la ciencia y la bioeconomía se abrazan para que la era tecnológica encuentre a una comunidad organizada, equitativa y con el destino firmemente en sus propias manos.
*Doctor en Ciencias Económicas, especialista en Docencia Universitaria, contador público y abogado










