Por Marta Galeano, presidenta de la Federación de Asociaciones Mutuales de Formosa
En el debate público actual, la palabra adoctrinamiento se ha vuelto un comodín de uso frecuente y liviano. Quienes tenemos largos años de tránsito por el sistema educativo formoseño, ocupando diferentes cargos y responsabilidades sabemos que resulta imprescindible situar la discusión en el plano pedagógico, con respeto por el trabajo docente y apego al marco normativo que orienta la educación, rescatando el valor indispensable de la historia local en la formación de nuestros estudiantes.
La propuesta pedagógica: enseñar a pensar la propia tierra
La palabra adoctrinamiento se utiliza hoy con una liviandad preocupante. Sin embargo, desde el punto de vista educativo, no se define por el contenido que se enseña, sino por la forma en que se desarrolla el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Existe una confusión sustancial entre adoctrinar y enseñar ciencias sociales con sentido de pertenencia:
El adoctrinamiento no se define por el tema que se enseña ni se descubre mirando la tapa de un cuadernillo. Se configura cuando en el aula se impone una visión única, dogmática y sin espacio para la repregunta o la duda.
La propuesta pedagógica de la historia local, en cambio, responde a una lógica completamente distinta. Utiliza los contenidos para activar el pensamiento crítico. La clave está en cómo enseña el docente: brindando herramientas para que el estudiante indague, comprenda el entorno en el que vive y analice las transformaciones de su propia comunidad.
El protagonista de ese proceso es el docente, quien mediante estrategias pedagógicas promueve la investigación, el análisis y el intercambio de ideas. Esa es la esencia de la educación.
Por eso, reducir una propuesta pedagógica al título de un cuadernillo constituye una simplificación que desconoce cómo funciona verdaderamente una escuela. Utilizar chicanas y eslóganes para generar impacto en redes sociales, puede ser útil para la legisladora en términos de notoriedad y juntar reacciones, pero eso no te hace un “transformador territorial” y por lo tanto ella no podrá estar jamás en los libros de historia o ciencias sociales. Que la historia reciente de una provincia deba borrarse de las aulas bajo la acusación de «adoctrinamiento» es, en los hechos, una forma de censura pedagógica que priva a los niños del derecho a conocer el territorio que habitan.
El valor de la identidad en una comunidad organizada
Nuestros diseños curriculares y la Constitución Provincial no responden a directivas partidarias de ocasión; establecen las bases para construir ciudadanía, arraigo e identidad. Una comunidad organizada necesita verse reflejada en su sistema educativo: conocer sus escuelas, sus rutas, sus hospitales y sus avances económicos y sociales no es un delito, es generar pertenencia.
Un pueblo que desconoce su proceso de consolidación queda a la deriva y expuesto a miradas ajenas construidas desde escritorios lejanos. Enseñar lo que fuimos, lo que somos y lo que construimos juntos en Formosa es un acto de responsabilidad institucional y sobre todo de amor por Formosa. Defender la enseñanza de nuestra historia local es salir en defensa de los docentes y garantizar el derecho de cada estudiante a crecer con orgullo por su tierra.
La escuela merece una discusión responsable, basada en evidencias, en el conocimiento de los procesos pedagógicos y en el respeto hacia quienes todos los días sostienen la tarea de enseñar.
Defender la enseñanza de nuestra historia local es también defender el trabajo docente. Es reconocer que la identidad se construye desde el conocimiento, que el sentido de pertenencia fortalece a las comunidades y que la educación tiene la responsabilidad de transmitir a las nuevas generaciones la memoria colectiva de su pueblo.
Es así que desde la memoria colectiva, el sentido de pertenencia y la solidaridad, construimos el destino grande de nuestra Patria chica.











