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La Defensoría del Pueblollevó a cabo una -charla taller- en el salón de usos múltiples de la EPES 35 “Dr. Arturo Jauretche” donde se ilustró a los alumnos del quinto año de todas las divisiones de dicho establecimiento que,en 2007, nuestro país estableció al 24 de abril como Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto Entre los Pueblos mediante la Ley N° 26.199.

El inicio del genocidio armenio, donde más de 1.500.000 personas fueron asesinadas por el imperio turco otomano desde 1915 hasta 1923, mientras transcurría la Primera Guerra Mundial, simboliza el exterminio del todo un pueblo, comenzado la noche del 23 de abril y durante toda la madrugada del día 24, cuando cientos de intelectuales, religiosos, profesionales y ciudadanos destacados fueron despojados de sus hogares bajo arresto e inmediatamente deportados hacia el interior del imperio otomano para ser masacrados. La mayoría de la población armenia fue forzosamente trasladada desde Armenia y Anatolia a Siria, donde una gran parte de la población fue enviada al desierto para morir de hambre y sed. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados.

Además, un gran porcentaje de la riqueza del pueblo armenio fue expropiado. Pese a la magnitud de estos crímenes, sólo una veintena de Estados han reconocido, mediante una resolución de carácter formal, este genocidio. Argentina es uno de ellos. Los restantes son Bélgica, Canadá, Chile, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Líbano, Lituania, Holanda, Polonia, Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay, El Vaticano y Venezuela.

Sin embargo, la actual República de Turquía, sucesora jurídica del Imperio Otomano, no niega que las masacres de civiles armenios tuvieran lugar, pero se opone a considerar que se tratara de un genocidio. Argumentan que esas muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo que dispuso el Estado, sino que se debieron a luchas interétnicas, enfermedades y el hambre.

Los profesionales Andrea Barrios, Leandro Gómez y María Alejandra Trinidad, les señalaron a los alumnos que: El recuerdo del genocidio armenio constituye una ocasión para reflexionar sobre las consecuencias que pueden generar la intolerancia y el racismo y nos invita a reafirmar el significado del respeto entre los pueblos y las personas.