De la invisibilización hacia la construcción de una identidad formoseña

Compartir

Carta al lector.

Mucho se ha dicho sobre la Ley 426 de la provincia de Formosa y, sin embargo, siempre puede ahondarse un poco más. Verla a la luz de nuevas conquistas, demandas y paradigmas.

En los últimos días ciertos temas referentes a la ley han estado circulando en los medios de comunicación, específicamente referentes al funcionamiento del Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA) creado en el año 1984.

Para quienes no lo conocen, el ICA, es el organismo encargado de bregar por el desarrollo integral de las comunidades indígenas del territorio provincial, constituido por un presidente nombrado por el poder ejecutivo y un directorio compuesto por un o una representante de cada una de las tres etnias mayoritarias de la provincia.

El directorio tripartito se renueva cada dos años a partir de elecciones libres que se realizan en cada una de las comunidades, de hecho, la semana pasada comenzaron a fijarse las fechas de las nuevas elecciones para las juntas vecinales, del directorio del ICA, y otras formalidades que son significativas a la hora de pensar la participación indígena en los procesos de construcción colectiva dentro de la provincia de Formosa.

Micaela Martínez

Mas allá de la resonancia que tienen determinadas voces en los medios de comunicación y de la libertad de expresión, es menester e incluso un acto de valentía, procurar que la opinión siempre sea respetuosa de los procesos propios de los pueblos. Procesos que resultan difíciles de seguir cuando suceden a más de 1000 km de distancia de quien enuncia, generando una serie de desarticulaciones, denuncias fáciles y oposiciones sin sentido. Por ello, resulta necesario salir a clarificar lo que aun muchos y muchas pretender tergiversar u ocultar. El Instituto de Comunidades Aborígenes, como cualquier institución pública, no es un ente inmóvil. Por el contrario, es un organismo que desde su creación hasta la actualidad ha atravesado una serie de transformaciones relacionadas a la creciente complejidad de las comunidades en tanto sujetos de derecho, la economía provincial, del país y del mundo.

Lo constante, el Estado y el pueblo, o mejor dicho el Estado compuesto de pueblo, es lo que nos permite continuar transformando y conquistando derechos. Y aún a mil kilómetros de distancia, nadie puede negar que la creación del ICA tuvo consecuencias positivas en todas las comunidades (de la provincia e incluso del país). La afirmación no es un acto enunciativo, ni un secreto oculto en el quinto piso de la Casa de Gobierno, es un hecho político fácilmente comprobable en las 300 mil hectáreas con títulos de propiedad; el acceso a la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) que hoy alberga a 18 mil estudiantes, en las 450 unidades educativas, los más de 700 maestros y maestras indígenas, en los más de 30 egresados y egresadas universitarias indígenas y en los 100 egresados y egresadas de institutos de educación superior; en los 53 Centros de Salud y Hospitales que se encuentran en tierras de propiedad comunitaria, donde trabajan más de 200 enfermeros universitarios, agentes sanitarios y parteras tradicionales indígenas; las más de 2.000 viviendas, los más de 53 kilómetros de acueductos y 600 mil metros de cañerías de distribución de agua potable construidas; los cientos de kilómetros de líneas de energía de media y baja tensión que permiten tener el servicio las 24 horas del día, sumadas a la fibra óptica soterrada y las conexiones de wifi que aún siguen en proceso de mejora y ampliación en todo el territorio formoseño.

Observar, organizarse, conmoverse y seguir visibilizando el proceso intercultural de la provincia que a golpe de acuerdos, avances y retrocesos nos condujo a seguir conquistando derechos y ampliando horizontes. Reconociéndonos en la marginalidad y la frontera, en ese juego de límites imaginarios en los que construimos los cimientos de nuestra identidad, en la que no hay héroes ni heroínas. Hay proceso, proceso de conjunción y procesos de escisión, procesos de elección y convicción; y en medio de todo ello, hay esperanzas. Esa esperanza sana en la cual seguimos eligiendo construir junto a otros y otras una sociedad más justa.

Micaela Martínez

DNI: 33.887.070

Militante Peronista, Feminista y Formoseña