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Maurilia Palma tiene 63 años y vive en el barrio la Nueva Formosa. Padece de artritis reumatoidea, una enfermedad que hace estragos en su cuerpo desde hace muchos años. Su obra social es PAMI sin embargo, según su experiencia la obra social nacional “deja mucho que desear”, asegura.

En ese contexto, recurrió al ministerio de Desarrollo Humano de la provincia donde explicó cuáles eran sus necesidades, y en cuestión de pocos días recibió una muleta y los medicamentos que necesitaba.

“Desde principio del año 2017 que hicimos el pedido de muletas al PAMI para poder movilizarme de un lado a otro, no hemos tenido respuesta alguna. Cada semana vamos a ver si ya llegó nuestro pedido pero nos dicen que nos van a mandar a nuestra casa, que no vayamos a reclamar todas las semanas; para colmo quieren que el titular vaya hasta las oficinas del PAMI para hacer el reclamo o cualquier trámite, y eso muchas veces no se puede porque yo no puedo moverme tan fácilmente y dependo de otras personas para ir hasta allá”, relató.

Como si eso fuera poco, en algunas ocasiones Maurilia hasta sintió que se burlaban de ella en su obra social: “Si no me dan las muletas que necesito para poder caminar como esperan que me vaya hasta allá a hacer los trámites, no es lógico y es inhumano que nos hagan esto.

Medicamentos

Depender de una serie de medicamentos para paliar los dolores de su enfermedad tampoco fue fácil con una cobertura social que sólo le reconoce algunos. “Por mi enfermedad tomo 9 clases de medicamentos diferentes pero el PAMI solo me cubre 5 y el resto tengo que comprarlo yo, lo cual me supone un gasto tremendo cada mes y no me alcanza para nada”, contó.

“Por suerte ahora me atendieron en el centro de salud de acá y me programaron turnos para hacerme muchos estudios, además me incluyeron en las clases del gimnasio terapéutico que empieza la semana que viene, así que estoy muy contenta y muy feliz porque desde el gobierno de la provincia me ayudaron en todo y me dieron soluciones rápidamente, no como mi obra social que me da vueltas y vueltas y no me solucionan nada”, agradeció.

En tanto, a quienes no comprenden su situación, explicó: “Para algunas personas una simple muleta puede parecer una tontería o accesible de comprar para muchas otras personas, pero para mí una muleta es como mis piernas y sin ellas no puedo moverme, además que económicamente no puedo comprarme yo sola, está todo muy caro y no me alcanza para nada”.

“Así que no sé qué decir para agradecerle al ministro Décima que tuvo este enorme gesto conmigo, realmente la necesitaba porque me habían prestado unas muletas pero tenía que devolverlas, ahora por fin tengo las mías”, expresó.