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Tanto la historia, como la educación son construcciones sociales, son elaboraciones específicas del ser humano. No son el resultado “de la naturaleza” como si fueran “descubrimientos” ajenos a la subjetividad humana, sino que por el contrario son expresiones de poder, son manifestaciones de intereses específicos que forman parte de proyectos políticos en pugna.

La historia, si bien se basa en hechos del pasado, es siempre una construcción desde significaciones presentes. Aún como expresión científica, no es ajena a los proyectos en pugna de una comunidad, refleja las luchas, marchas y contramarchas de un pueblo que busca su propio destino.

Es por ello que la construcción y ejecución de proyectos nacionales que luchan por alcanzar la felicidad de sus pueblos, se ha visto permanentemente amenazada y atacada en sus fueron más íntimos por expresiones anti populares  y antinacionales que atentan contra los intereses genuinos de esa comunidad.

Proyectos nacionales y antinacionales, populares y antipopulares, hegemónicos y subalternos, reflejan las luchas por alcanzar y mantenerse en el poder con aspiraciones legítimas o no, en favor o en contra de los intereses de los pueblos.

En ese contexto, la historia como ciencia y expresión legítima de los intereses  del pueblo ha sido y es un instrumento fundamental en la construcción de un proyecto nacional, donde cada ciudadano sea respetado en su dignidad de persona en el seno de una comunidad que se realiza con libertad, justicia y solidaridad.

La historia argentina se nutre de acciones y pensamientos provenientes de sus luchas en el campo nacional y popular. De ahí, lo relevante de las investigaciones y reconstrucción de interpretaciones de la historia a la luz de las significaciones del presente. De ahí, la relevancia de los aportes provenientes del pensamiento nacional.

Por ejemplo, la idea de Comunidad Organizada hecha por el General Perón, con motivo del Primer Congreso Nacional de Filosofía (1949) donde se reflejan las bases del pensamiento nacional que se explicitó en la Convención Nacional Constituyente de ese año, comúnmente conocida como la Constitución del 49: “Nuestra comunidad, -dijo Perón en la conferencia de clausura del Congreso de Filosofía de Mendoza-, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto de que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo  tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa” (La Comunidad Organizada, cap. XXI, párrafo 12).

La identidad, ya sea nacional o provincial, será el motor genuino, generadora de nuevas significaciones históricas desde el presente, motivadora de las preguntas que le haremos al pasado, para encontrar respuestas veraces y honestas, productoras de nuevas interpretaciones de la historia que cobren sentido en la construcción de un proyecto nacional.

El modelo formoseño y el proyecto político

Según el fallecido filósofo argentino Gustavo Cirigliano, el modelo es “una elaboración intelectual que un pensador o grupo propone”. En el caso del modelo formoseño, hereda directamente el legado de Juan Domingo Perón cuando en su condición de presidente de la Nación el 1 de mayo de 1974 pronuncia ante el Congreso Nacional en la apertura de sesiones ordinarias el discurso que luego será completado y conocido como el “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”. En este texto, Perón condensa toda su sapiencia y trayectoria política, basada en años de ejercicio como estadista y líder político, como también sustentada en los funestos años de exilio que tuvo que padecer por los golpes de estado que lo proscribieron, al igual que al movimiento nacional justicialista que conducía. Es el verdadero legado de un líder a su pueblo.

Como es lógico y congruente con el pensamiento peronista,  el Dr. Gildo Insfrán conductor y presidente del partido peronista formoseño y presidente del Congreso Nacional Justicialista, viene implementando el modelo formoseño basado en el legado de Juan Domingo Perón. Vale aclarar que el modelo implica una categoría de análisis más conceptual, es la propuesta filosófica y doctrinaria, mientras que el proyecto requiere de la voluntad política, basada en la legitimidad que da el voto y la participación ciudadana. Además, requiere de planificación, gestión y acción.

Por eso, en Formosa decimos que el modelo formoseño se viene implementando con la ejecución de las Políticas de Estado que con toda claridad viene implementado el gobernador Gildo Insfrán. El fin es el mismo, tanto a nivel local como nacional: La felicidad del pueblo con Justicia Social, Independencia Económica y  Soberanía Política.