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Cecilia Dos Santos es licenciada en Psicología, y debió realizar la cuarentena obligatoria en el Centro de Alojamiento Preventivo que funciona en la Escuela Especial N°12 del barrio 1 de mayo de esta ciudad, debido a que una colega con la que compartía vínculo y espacio laboral dio positivo a COVID 19.

La profesional estuvo aislada 14 días con su grupo de trabajo, y al salir relató a AGENFOR su experiencia dentro del CAP y propuso otra perspectiva para afrontar el método de cuarentena obligatoria que se lleva a cabo en la provincia.

Al enterarse del caso positivo de su colega, Cecilia y sus compañeros, se presentaron de manera voluntaria en la UPAC para realizarse los hisopados correspondientes, “bajo nuestra responsabilidad social y familiar”. Posterior al procedimiento, fueron alojados preventivamente en el CAP antes mencionado.

“Obviamente la situación no es fácil, estar aislado de la familia, las amistades y demás, no es fácil, pero se puede atravesar y afrontar. Particularmente a mi me sirvió mucho el hecho de estar y sentirme acompañada por las personas que estaban afuera”, indicó Cecilia.

Y agregó: “Yo sabía que estaba cumpliendo con mi deber, soy madre, tengo a mis padres que son adultos mayores y por protección a ellos también sentía que estaba haciendo lo correcto”.

Respecto al tránsito del aislamiento, la especialista en salud mental explicó que, como todo proceso, tiene una etapa de adaptación e internalización de la situación que le tocará atravesar.

“Me sirvió mucho tener rutinas, mantenerme en contacto con otros, no corté mi actividad laboral, eso fue una de las cosas que a mí me sirvió. Contábamos con servicio de internet, entonces podía comunicarme con otras personas y seguir haciendo mis trabajos diarios”, contó.

En cuanto a la higiene colectiva, la mujer precisó que “nos organizábamos a diario para la limpieza del aula donde estábamos y el baño correspondiente” y consideró fundamental este hábito para “mantenernos con todos los cuidados”.

“Tratábamos de no salir a los pasillos, solamente para poder circular al baño porque entendimos que en ese CAP había otras personas y tratábamos de cuidarnos todo el tiempo”, señaló.

Además, Cecilia habló de las sensaciones que experimentó y aseveró que “no me sentí presa”, aunque entiende que se trata de una situación compleja que demanda mucha contención.

“Yo trabajo en la contención y el acompañamiento psicológico en las personas que están alojadas en los distintos CAP y es un trabajo indispensable y funcional para que el proceso sea más llevadero”, aseguró.

Y reiteró: “No lo sentí como una tortura, pero sí hay momentos de mucha incertidumbre, porque uno está a la espera de un resultado que debe avisar a un grupo familiar, a amistades con las que me relacioné previo a mi aislamiento”.

También, la licenciada se refirió a la alimentación dentro del CAP y dijo que les proveían las cuatro comidas y que “todas las necesidades son satisfechas”.

En otro orden, Cecilia expuso que, como estrategia, con sus colegas que compartía habitación decidieron plasmar en uno de los empapelados de las ventanas del salón “ciertas cuestiones a tener en cuenta cuando uno atraviesa esa situación” para brindar herramientas para afrontarlo.

“Fue un cartel dando fuerzas a las personas que van a estar ahí, algunas sugerencias desde nuestro lugar como profesionales, pero también como personas que pasan por esta situación, para que les sirva”, argumentó.

Por último, la especialista aconsejó a las personas que deban transitar una situación similar que “se lo tomen desde el lugar de la responsabilidad, el cuidado y el amor hacia las otras personas que nos rodean”.

“Estamos atravesando una pandemia y nadie está exento a que no le pueda pasar, todos estamos bajo la misma situación y me parece que más allá de estigmatizar y hacer referencia a ciertas cuestiones que no vienen al caso, lo importante es asumir la responsabilidad que le competa a cada uno y lo puedan hacer desde su rol como personas”, concluyó.